Mi generación feminista

Las mujeres de mi generación hemos marcado un hito histórico tanto en la visibilización de la lucha feministacomo en la consolidación de los derechos adquiridos en dicha lucha.

Sin lugar a dudas, el avance producido es consecuencia del activismo de las generaciones pasadas que tuvieron que sacrificar muchas cosas que ahora consideramos como normales. Operar una cuenta bancaria que está tu nombre, acudir a tu trabajo o participar en unas elecciones son ahora actos cotidianos. No lo eran para nuestras tatarabuelas. En algunos casos, tampoco lo eran para nuestras bisabuelas o abuelas: en España, hasta la promulgación de la «Ley sobre reforma de determinados artículos del Código Civil y del Código de Comercio sobre la situación jurídica de la mujer casada y los derechos y deberes de los cónyuges (Ley 14/1975)», el 5 de mayo de 1975, las mujeres casadas necesitaban la autorización marital para disponer de sus bienes, abrir una cuenta bancaria, ejercer el comercio… Y no fue hasta la reforma del Código Civil de 1981 que estos derechos se consolidaron.

O sea, mis abuelas o mi suegra debían pedir permiso a su marido para poder trabajar y cobrar su salario o para abrir una cuenta corriente en un banco o sacarse el pasaporte o el carné de conducir.

Debemos, por tanto, gratitud a todas las mujeres que nos han precedido en el movimiento feminista y en la lucha por la igualdad.

El gran hito histórico que mi generación está protagonizando es el de no callarnos más ante los abusos vengan de donde vengan, las violaciones a nuestros cuerpos y a nuestros derechos las cometa quien las cometa y las sentencias aberrantes que protegen a violadores y maltratadores. Las mujeres de mi generación estamos consiguiendo que la lucha feminista se viva en las calles, se vea en los telediarios y se escuche en todos los rincones del mundo en forma de canción hasta el punto de haber convertido Un violador en tu camino en el himno feminista global.

Mi generación es una generación de supervivientes. Leyendo los augurios que se formulaban en la década de 1990 respecto del futuro siglo XXI parecía que los grandes problemas de la humanidad acabarían. Por desgracia, no ha sido así. Los poderosos se han encargado de montarnos varias crisis para que quienes menos tenemos tengamos cada vez menos, seamos más vulnerables, nuestros empleos sean más precarios, nuestra vida dependa de la suerte y no del mérito de nuestro esfuerzo por formarnos, etc.

A todos esos males que atenazan a esta sociedad precarizada en la que el trabajo no te libra de la exclusión y la pobreza, estamos combatiendo las feministas de mi generación.

En mi caso particular, a esas opresiones de las que vamos siendo supervivientes debo sumar mi pertenencia étnica:soy nieta, sobrina, nuera, prima y madre de mujeres gitanas que han sobrevivido al machismo feroz que se alió con el antigitanismo, a esa intersección de opresiones a la que llamo antigitanismo patriarcal y que hace que, tal y como informa la Segunda Encuesta de la Unión Europea sobre Minorías y Discriminación. Gitanas en nueve Estados Miembros elaborada por la Agencia Europea de Derechos Fundamentales en 2019:

  • El 81% de las jóvenes (entre 16 y 24 años) gitanas españolas ni estudien ni trabajen fuera de casa. Este porcentaje es del 22% para las payas.
  • El desempleo afecte a un 51% de las gitanas españolas y al 17% de las payas.
  • El 35% de las gitanas españolas participantes en este estudio afirmó haber sentido discriminación en la búsqueda de empleo en los últimos cinco años. El 20% de ellas dijo que no había denunciado el incidente porque era consciente de que nada ocurriría, el 14 % dijo que no sabía cómo actuar y el 38% dijo que era lo normal.
  • El 30% de las gitanas entrevistadas afirmó haber sentido acoso racial en los 12 meses anteriores a la entrevista.

Estas situaciones se dan en todas partes. También, por desgracia, en La Rioja: en los últimos meses hemos asistido a sendas protestas públicas de gitanas riojanas que se habían sentido acosadas racialmente durante sus compras en diferentes establecimientos comerciales logroñeses.

Estamos en un momento de cambio. De cambio paradigmático, de cambios políticos e históricos.Y parece que estamos más cerca de conseguir una igualdad real. Más cerca no significa que lo vayamos a conseguir pasado mañana. Queda mucho por lo que luchar: disponer de una política eficaz que reduzca el número de feminicidios; conseguir una justicia real para los casos de violaciones; alcanzar la igualdad salarial… son sólo algunos ejemplos.

Sin duda alguna, estamos en el lugar y en el momento de los consensos. El movimiento feminista es diverso y en él cabemos todas. La heterogeneidad de las mujeres es tan grande como mujeres hay: gitanas, negras, mujeres trans, lesbianas, con diversidad funcional, musulmanas, moras, riojanas, andaluzas… Esta diversidad, no lo dudemos nunca, nos enriquece. Aunque cada una de nosotras y de nuestras respectivas organizaciones tengamos luchemos en batallas específicas, todas luchamos por la igualdad real que se nos ha negado durante toda la historia.

Las mujeres que sufrimos otras opresiones, capacitismo, LGTBIfobia, racismo, además del machismo tenemos claro que, aunque se acabara todo el machismo mañana mismo, habría otro sistema oprimiéndonos.

Necesitamos aliarnos y apoyarnos unas a otras en nuestras respectivas luchas. Las mujeres que sufrimos otras opresiones—capacitismo, LGTBIfobia, racismo— además del machismo tenemos claro que, aunque se acabara todo el machismo mañana mismo, habría otro sistema de opresión que nos seguiría impidiendo vivir nuestra vida en igualdad de oportunidades. Por ello, debemos aprender de la propia historia del feminismo y cómo se ha ido construyendo para ver en qué hemos acertado y en qué, como humanas que somos, hemos errado.

Consensos pendientes

La maternidad es tema en el que todavía no nos hemos puesto de acuerdo. Las madres feministas queremos vivir una maternidad diversa y respetada por eso echo en falta en la agenda feminista propuestas tendentes a compatibilizar el derecho a la maternidad con los demás derechos. Así mismo, y en este entorno de la maternidad, echo en falta mayor compromiso contra la violencia obstétrica, que sigue siendo una de las violencias más silenciadas que sufrimos las mujeres.

La prostitución es el gran debate en el que aún no vamos a lograr un consenso, pero en la cual necesitamos seguir dándonos argumentos. Yo lo tengo claro: estoy del lado de las mujeres.Sus opiniones, como trabajadoras, deben de ser escuchadas y sus propuestas deben tener mayor peso en la decisión de nuestros movimientos.

La transfobia afecta a demasiadas mujeres y, por tanto, debemos hacer el esfuerzo de superar nuestros atavismos machistas para encarar este necesario debate. Plantear que las mujeres trans no son mujeres, insultarlas o afirmar que no caben dentro del movimiento feminista, es algo que no debemos dejar de señalar para proteger a nuestras hermanas trans, porque el movimiento feminista no sería lo que es sin sus grandes aportaciones para la reflexión y el progreso.

El racismo me afecta diariamente. La lucha contra el racismo todavía es algo que no se contempla como parte de la lucha feminista a nivel global. Todavía estamos en el nivel en el que el feminismo hegemónico considera que la lucha contra el racismo es cosa nuestra, de las racializadas. Esto nos paraliza, pues margina nuestras propuestas y deja fuera a demasiadas de nosotras.

La lucha contra el racismo debe ser uno de los objetivos principales. El machismo, el racismo, la pobreza, la clase social… todo se intersecciona y nos afecta de distinta manera a cada una de nosotras, pero debemos tener claro que nos afecta a todas: a unas directamente y a otras de manera más indirecta.

Hay otros muchos debates abiertos. Estos que he mencionado son los que a mí me involucran más. Sigamos pensando, debatiendo y actuando pero sigamos luchando juntas, todas y diversas para conseguir la verdadera igualdad.

(Este artículo fue publicado el 8 de abril en el periodico en formato papel La Rioja )

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